miércoles 2 de febrero de 2011

El hombre que esperó



Fue un mazazo. La peor noticia que se puede recibir. El dolor más grande que se puede experimentar. Unos minutos separaban la cara de hastío de mi hija mientras desayunaba y protestaba, como cada día, por el madrugón para el instituto y su cuerpo inerte tendido ahora en el pavimento. Pensé entonces que jamás me recuperaría y ciertamente, han pasado los años y no me he recuperado. Sigo cíclicamente enfadándome por no haber aprovechado más su risa, culpándome por no haber cedido a su chantaje diario para no ir a clase, abofeteándome mientras ansío despertar de esta pesadilla. Pero todo me confirma con crudeza la realidad. Mi hija está muerta. Fue atropellada por la furgoneta de un repartidor que tomó más carajillos de la cuenta para entrar en calor. No he tocado ni un céntimo de la indemnización. No fui al juicio, no atendí al periodista local que quiso entrevistarme. Sólo deseaba desaparecer, diluirme en el recuerdo de la gente que me apreciaba. Pero los años pasan y aunque pretendas huir, siempre encuentras a alguien que te abre la herida. Un buen samaritano me ha informado que ya salió el repartidor de la cárcel. Así que llega el momento de hacer lo que tengo que hacer. Involuntariamente me he enterado que tiene mujer y dos hijos, el más pequeño estudia en un colegio cercano a mi casa. Cojo el coche y, pacientemente, espero en la puerta del colegio. Cuando lo veo aparecer salgo del coche y me dirijo a él.
- ¿Es su hijo? - le pregunto señalando al niño pecoso que le acompaña.
-Sí, responde él con precaución.
- Es muy guapo, se le ve un niño estupendo. Enséñele lo antes posible a tener cuidado al cruzar la calle. Uno nunca sabe cuándo va a venir un hijoputa borracho y va a llevárselo por delante.

5 comentarios:

Groucho dijo...

Suena entre educativo y amenazador... A mi me acojonaria.
Perdon por el palabro.
UN ABRAZO.

conxa dijo...

joer,me he asustado,creí que iba haber venganza, aunque no creo que pueda descansar ya muy bien el carajillero despues de esa frase lapidaria.

Un paseante dijo...

Ese último párrafo es señorial, aunque no sé si muchos en esa situación seríamos capaces de obrar así. De todos modos, habría que saber si al conductor que en su día iba borracho le afectó el haber matado a una persona o sólo fue para él un engorro de cárcel y tiempo perdido.
Porque eso es lo que realmente asusta, al final.

el marido de la portera dijo...

Groucho, a ti no hay nada que perdonarte, solo agradecerte que me visites a cada post.

Conxa, empiezo una nueva etapa en la que habrá menos venganzas y menos higadillos.

Un paseante, gracias. Como siempre, me has aportado muchísimo con tu comentario. Tomo nota.

A los tres os repito, por enésima vez, gracias.

Javier Alfaro Martínez dijo...

Excelente... vaya susto,también pense lo peor.

Saludos.