
Dicen que el miedo es bueno, que gracias a él no emprendemos locuras de las que podríamos salir dañados. Dicen que esa reacción se remonta a los primeros momentos de la especie, que es adaptativo y necesario para la supervivencia, que a todos nos gusta sentir miedo. Pero a mí no. Lo odio. Ahora lo odio. Antes me encantaba sentir ese pellizco que se te pone en el estómago, cómo se te seca la boca y notas el corazón en la garganta. Antes disfrutaba con el chute de la adrenalina en la sangre y digo bien, chute, porque yo era una yonki del miedo. Subía en las atracciones de feria más peligrosas, aquellas que se ponen boca abajo y boca arriba y giran sobre sí mismas o sobre varios ejes a la vez. Pagaba por esos escasos minutos en los que me desgañitaba y puedo jurar que de ningún orgasmo he salido tan despeinada y con ese placentero agotamiento que te dobla las rodillas. He visto las mejores y las peores películas de terror. Mi cabeza se ha desbocado ante situaciones como verme sola en el parking del centro comercial y observar un vibra un fluorescente o escuchar unos pasos que se acercan, al encontrarme en un ascensor que suena extraño o notar un coche que aminora su marcha, ese terror que me ponía los pelos de punta y acababa por hacerme sonreir.
Pero ahora, que soy madre, no me gusta el miedo. Es agotador y frustrante temer por tu marido, por tus hijos, por aquellos a los que amas. No poder protegerlos del mundo. Quiero que el miedo se aleje, que desaparezca, quiero no sentir este terror, esta angustia cada vez que entro por el portal de mi casa y miro el buzón lleno de cartas del banco con avisos de desahucio.
3 comentarios:
TERROR "MODEN-NO"... MIERDA DE CRISIS.
Sí, Groucho y desgraciadamente, este Halloween es más aterrador que el pasado.
Un saludo
Y lo malo del terror moden.no, es que no puedes bajarte asi,como así.
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