
A sus sesenta y muchos, se levanta temprano (antes de las 9 y media), como no hizo jamás, pero la razón de su "madrugón" bien lo merecen. Con unos hijos a los que ya no quedaba vida para organizar y que habían puesto tierra de por medio, se encontró al borde del síndrome del nido vacío. Fue entonces cuando pidió a su acaudalado esposo una parcela de libertad y se convirtió en una mujer de negocios. Ella es la única representante en la ciudad de la franquicia "Telas del mundo". En un primer momento creyó que el hecho de poseer un local en pleno centro y su afición por todo lo que tenía que ver con la decoración no serían suficientes, pero superó la prueba sin problemas. Ahora nada más levantarse se dirige al baño y comienza su ritual de belleza en el que limpia, exfolia e hidrata su piel con esmero antes de cubrirla de una gruesa capa de maquillaje. Una vez revisado cada detalle se viste, toma un desayuno espartano intentando no aplicarse ese dicho de que a partir de una cierta edad una mujer tiene que elegir entre el culo y la cara y deja a la asistenta la lista de tareas que espera ver cumplidas antes de su regreso. Dos tramos de escaleras la separan de su negocio. Su entrada, siempre majestuosa, la lleva cada mañana al escritoro donde conecta su ordenador, de su enorme bolso saca su lujosa agenda de piel y establece la prioridad de los pedidos. Si alguna cliente la interrumpe en este proceso, sonríe fríamente y les indica que les asesorá en unos minutos. Nadie como ella sabe la dificultad que entraña distinguir una tela de tapicería de una de cortina ni cómo afecta la composición del tejido a la estabilidad del color ante los lavados. Nada la satisface más que indicar a los clientes cómo combinan los diferentes colores o cómo determinada tapicería condiciona el resto. La recaudación no cubre tanto esfuerzo, pero ella no necesita el dinero, necesita realizarse. Por eso no tiene ayudante, a ella le gusta manejarlo todo, no dar explicaciones. Incluso hace las llamadas a clientes y proveedores... eso sí, siempre comienza cada llamada del mismo modo: "Soy la chica de la tienda "Telas del Mundo"
3 comentarios:
ES UNA FORMULA MUY COMUN, YO ATIENDO MI NEGOCIO DESDE UN TELEFONO Y CUANDO HACE FALTA ME DESPLAZO A CASA DEL CLIENTE-
MUCHAS DE LAS LLAMADAS Y RECIBO UNA MEDIA DE 25 LLAMADAS DIARIAS COMIENZAN CON: HOLA SOY LA CHICA DE HOSPITALET (Con una población de 264.404 habitantes, padrón municipal del 2007), LO DIFICIL ES SABER QUIEN ES LA "CHICA DE HOSPITALET".
CREO QUE TODOS NOS SENTIMOS UNICOS.
ME ALEGRO DE VOLVER A LEERTE....
bueno, el llamarse "chica" aún a cierta edad, entra de lo ´habitual.
Yo también soy la chica de.....;
claro, que mis hijos se parten al escucharme, pero cuando hay ganas y vitalidad, eres una "chica"
Te veo muy bien.
Gracias Groucho y Conxa, por visitarme tras la ausencia y vuestros ánimos. Me alegra contar con vosotros.
Un saludo para los dos.
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