
MUJER MAYOR: ¿Dónde vas?
MUJER JOVEN: A la cama
MUJER MAYOR: ¿No quieres cenar? Te preparo algo en un momento
MUJER JOVEN: No, gracias, no tengo hambre
MUJER MAYOR: No te puedes ir a la cama sin tomar nada. Te preparo lo que quieras, pero no puedes acostarte cada noche con el estómago vacío.
MUJER JOVEN: No insistas, me voy a mi cuarto.
MUJER MAYOR: ¡Por favor, hija! ¡Cena! No puede ser que todas las noches la tengamos.
MUJER JOVEN: Hay tantas cosas que no pueden ser y son.
MUJER MAYOR: No empieces, déjame que te prepare algo, te lo cenas rapidito y te vas a la cama si quieres.
MUJER JOVEN: ¡Que no, coño! Que no voy a cenar.
MUJER MAYOR: Haz el favor de no gritarme
MUJER JOVEN: Perdona, se me olvidaba que a tí sólo te grita una persona.
MUJER MAYOR: Te he dicho que no vuelvas a insistir con lo mismo.
MUJER JOVEN: ¿Cómo que no? ¿Por qué no? ¿Por qué tengo que callarme? ¿Por qué tengo que hacer cómo que nada pasa?
MUJER MAYOR: Por que la que lo sufre soy yo.
MUJER JOVEN: Estás muy equivocada, tú no eres la única que lo sufre. Tú eres la que recibe los empujones y las ostias, pero las faltas de respeto, los insultos y las amenazas nos los repartirmos entre todos. Tú luces cada moratón y recuerdas cada paliza en tu cuerpo, pero los gritos, tus lamentos y el ruido que envuelve cada paliza los tengo aquí, en mi cabeza clavados. Yo sufro el miedo tanto como tú, lleva acompañándome desde que tengo que uso de razón. Soy yo la que dormía con el corazón en la boca, abrazada a un oso de peluche más grande que yo. La que arrastra mil preguntas, a la que se culpa por la situación que existe, la excusa para no acometer un divorcio, para no denunciar lo que está pasando. No puedo más. No quiero seguir así. Voy a salir de esta casa en cuanto pueda. Huiré al primer lugar en que cada ruido nocturno no me revuelva el estómago. Lejos. He intentando ayudarte, darte fuerzas, animarte para que te decidas, para que pongas fin a esta rueda de borracheras y palizas. Pero veo que tú ya eres igual que él. Le acompañas al bar con el pretexto de vigilarle y bebes a su ritmo. Te engañas de todas las formas posibles, eres tan necia que presumes por ese muro invisible que has construído y que te convierte en su compañera de piso. Pero es mentira. Cuando surge la ocasión él te pega, te arrastra y te insulta como su mujer. Porque eres suya. Hace mucho que no te perteneces y lo peor es que esta infelicidad te está gustando. Perfeccionas cada día tu papel de mártir-verdugo. Porque te estás transformando en un verdugo para mí. Me estás machacando. Hundiéndome mientras comercias con tu pena y me arrastras al conformismo. Tengo que salir pronto de aquí antes que mi vida sea una fotocopia de la tuya. A él lo odio y lo peor, es que a tí, cada día que pasa te quiero menos. Ni siquiera sé si te quiero, mamá.
MUJER MAYOR: (Tras una larga pausa) ¿Qué quieres cenar?
MUJER JOVEN: Con un sandwich me conformo.
6 comentarios:
Buahg, Marido. Duro, duro. Me gustó. Y el final, tras la bronca, buenísimo.
Un saludo.
DESAHOGARSE DA HAMBRE...
BUEN DIALOGO.
me encantó tu blog
Gracias, gracias y gracias. Pido mil perdones a todos aquellos que han venido buscando un relato en esta sequía. Prometo compensaos.
Un saludo
Me ha gustado el relato. Por desgracia se me ha encogido el corazón. Demasiados recuerdos.
Un saludo
Gracias por este relato, simplemente genial.
Repito, gracias, gracias.
Mati
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