sábado 8 de mayo de 2010

El hombre endiosado



Yo fui aquel niño obeso con el que todos se metían. Aquel al que llamaban ballena, al que apodaban Dumbo por sus orejas despegadas. Fui el que recibía las collejas de sus compañeros y el desprecio de sus compañeras. Al que negaron la posibilidad de tener un primer amor de colegio. Todo ese rencor me llevó a una adolescencia privado de la bollería industrial con la que me atiborraba mi madre y repleto de horas de carreras por el parque. Así conseguí crecer a lo alto y no a lo ancho como acostumbraba. Mi físico se transformó por completo: surgieron unos ojos almendrados que antes ocultaban mis prominentes mofletes y una espalda y un pectoral de nadador. Pasé de ser el apestado al que todos rehuían al convertirme en el chico más deseado. Pero jamás olvidé el esfuerzo invertido en mi transformación. No estaba dispuesto a caer en los brazos de la primera chica que manifestara interés por mí. Sometía a las candidatas al más riguroso examen y, ante cualquier pequeña tara descalificaba automáticamente a la candidata. Por primera vez en mi vida estaba solo por decisión propia, no impuesta por nadie.

Ninguna mujer me satisfacía, ninguna era suficiente para mí hasta que la conocí. Celebrando una eurocopa del Real Madrid me la encontré junto a la fuente de la Cibeles y me pareció la mujer más perfecta del mundo. El más minucioso examen no consiguió encontrar ningún defecto para apartarla de mi lado y con ella, deseché el rencor de mi infancia. Me había enamorado completamente. Me fascinaba su carácter extravagante y ese mundo que había construído en el que sólo estábamos ella y yo. Nos casamos en la intimidad de un juzgado. Ella no quiso que viniese nadie. Tras años de relación ni siquiera conocía a su familia. Ella así lo deseaba y yo, no podía negarme a los deseos de mi mujer, "mi diosa" como yo la llamaba. Tras parir a nuestros gemelos y ya volviendo a casa, vi la tristeza en sus ojos. Me mandó a comprar antes de subir al piso y me anunció la visita de su hermano. Besé a los bebés y me despedí de ellos. No pude arrebatárselos y salir corriendo, no pude hacer nada. Sólo los dejé adentrarse en el portal y que conocieran a su tío Saturno.

4 comentarios:

Víctor dijo...

Buena modernazación del mito clásico, Marido. El final, clavado.

Un saludo.

Groucho dijo...

QUE MAL LO PASO EL TITÁN CRONO EN EL COLEGIO... ¿NO?.
EN FIN... PEOR ESTA ELLA... SOLO LA USAN PARA CELEBRAR -CADA VEZ MENOS- LAS VICTORIAS MERENGUES ;)
ES TERRIBLE CUANDO ME SALE EL "CULE" QUE LLEVO DENTRO...
SALUD.

Mónica dijo...

Bonito relato, me ha gustado mucho, enhorabuena.

Besos

el marido de la portera dijo...

Groucho, te salga o no el culé que llevas dentro, eres terrible.

Victor y Mónica, me alegra mucho que os haya gustado.

A todos, mi agradecimiento más sincero por dedicar vuestro tiempo a leerme. Un saludo.