
Cuando se fue, dejándome con los dedos ensangrentados, ví mi blusa mojada por las lágrimas derramadas. Aunque ese latido doloroso que me subía brazos arriba hubiera arrancado el llanto a la mujer más dura, yo sólo lloraba de rabia. Maldecía al cretino que había acristalado mi despacho herméticamente, impidiendo que mis gritos lo traspasasen y a los borregos de mis subordinados que no habían interrumpido mi suplicio.
Cuando atravesé la puerta me encontré la mirada desafiante de mi torturador. No se cuánto la mantuvimos, pero tengo la certeza que podríamos haber estado así eternamente, calibrándonos, desafiándonos. El pelota de turno se acercó a preguntar el origen de mis heridas.
- No es nada, me pillé la mano con un cajón del archivador - le contesté.
El pelota se escabulló corriendo hasta el botiquín y yo volví a mi despacho, cerrando la puerta con la rodilla. Me hubiera podido vengar del oficinista cabrón abriéndole un expediente o esperándole con un palo o una vara de hierro en el aparcamiento del edificio, pero decidí que nada de eso me compensaría. Necesitaba algo más duradero, algo que le produjese ese tipo de dolor que permanece días y días sin que ningún analgésico lo haga desaparecer. Con gran dificultad agarré el teléfono y marqué.
- Monseñor, soy yo, tu hermana, ¿recuerdas aquel cura que tantos problemas te trajo por su "cariño" hacia los niños? Pues tengo a un subordinado mío que estará encantado que prepare a sus mellizas para la comunión.
3 comentarios:
RIZANDO EL RIZO Y SUBIENDOTE AL CARRO DE LA MODA (se lleva la sotana remangada).
BUENO,BUENO... O ¡¡¡BUENO, BUENO!!!
Seguimos con el refinamiento. Bien. Hay que admitir que la jefa es retorcida, está a la altura del otro. Esto daría para una novela por capítulos: "Cabronada tras cabronada". Piénsalo.
Antes de agradeceos vuestros comentarios me disculpo por tardar tanto en responder.
Groucho, te dejé en tu blog un comentario por "la inspiración"
Un paseante, muy buena idea la tuya y creo que quizás la lleve a cabo. Lo verás por aquí.
De nuevo, gracias. Un saludo
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