
No entendía lo sucedido el día anterior. Al incorporarme tras mi baja laboral de cuatro meses, una desconocida que se presentó como mi nueva jefa, me llamó a su despacho. Me alegró ver que el ascenso del cabrón de mi anterior jefe había supuesto este cambio. Siempre he preferido mujeres como jefas, sin embargo ésta, me señaló la única silla de su despacho y sin dejarme pronunciar palabra empezó diciéndome que allí se iba a trabajar y otras zarandajas que, desgranadas del discurso poco significaban pero que, unidas, me daban a entender que su opinión sobre mí era pésima. Ella pretendía desde el primer momento sentar las bases de la jerarquía existente y reprimir cualquier intento por mi parte de rebelión. Aunque intenté rebatir los argumentos que más ofensivos me parecían, reconozco que me dejó planchado y acabé saliendo de su despacho con ese mal sabor de boca que te queda cuando no has podido expresar tu punto de vista . Estuve mal todo el día rumeando cada una de sus palabras y calibrando cuán injustas eran.
Al día siguiente, lo más educadamente que pude, le pedí hablar en su despacho, cerramos las persianas venecianas de la cristalera que la comunica con el resto de subordinados y claramente le planteé que no me iría de allí hasta que reconociese que me había prejuzgado sin conocerme y que su actitud hacia mí era tan negativa que no cabía la posibilidad de darme una oportunidad y demostrarle qué tipo de trabajador era.
Al terminar el encuentro salí a la terraza a fumarme un cigarro. Un compañero vino a preguntarme por la reunión.
-Sólo quería que reconociese que me había prejuzgado - le dije tranquilamente.
- ¿Y lo reconoció? - preguntó él.
-Sí, despues de dos horas y media, sí - le dije.
-¡Dos horas y media! ¡Eso es una tortura! - exclamó
- Quizás por el tiempo no, pero sí por las astillas que le tuve que meter bajo las uñas.
6 comentarios:
Muy británico; no por las astillas en las uñas -en este caso, probablemente inevitables y engorrosas- sino por eso de "prejuzgado". Ensañamiento sí, pero cuidando siempre el lenguaje.
A VECES ME DAS MIEDO... O NO.
PERO SIEMPRE ME SORPRENDES... O SI.
Paseante, no entendí bien tu comentario relativo a "prejuzgar". Cuando puedas y te apetezca, acláramelo.
Groucho, a veces lo intento, o no. Algunas lo consigo, desgraciadamente, no siempre.
Gracias por vuestro aporte y humor. Un saludo.
Hola
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Me refiero a que la frase utilizada es muy británica, muy educada, sugiere un comportamiento dialéctico exquisito: "usted es que me prejuzga, oiga" que hace un buen contraste con la tortura en las uñas: con esa tortura cuadrarían insultos, o amenazas.
Así que la mezcla queda muy británica: espere que lo mato, pero sólo un poquito.
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