La viuda solloza con su cara pegada al cristal. Al otro lado reposan los restos del que fue su marido hasta la pasada madrugada. Ya es sólo una mala imitación, una especie de clic de famobil en tamaño natural. Alguien debería decirles algo a las funerarias, protestar por ese proceso de adecentamiento de los cadáveres que los hace irreconocibles. Atrás quedó ese hombretón que se cruzó en su camino cuando ella tenía trece años, aquél que salió de la miseria pisando y engañando a todo el que conocía. El que traicionó a amigos y parientes sin pudor. El que amasó una fortuna especulando con los escasos bienes que circulaban en el mercado por entonces. Ahora no se le parece ni de lejos.
La gente que se acerca a la oscura sala del tanatorio da el pésame a los familiares, unos pocos están allí porque se lo dicta el corazón, la mayoría "cumplen" como está prescrito, parece que incluso han olvidado las tropelías y canalladas que sufrieron a manos del difunto. ¿Ya no les escuece el dinero perdido, las penurias pasadas o la confianza pisoteada? Ahora cumplen, están donde tienen que estar, donde deben estar si no quieren significarse o ser "mal vistos".
La viuda moja el cristal con sus lágrimas, cuenta a todo aquel que se le acerca lo maravilloso que fue su marido, lo enamorado que siempre estuvo de ella, cómo, enfermo de alzheimer y hasta que fue capaz de empuñar un bolígrafo le dedicó cientos de poesías de amor. Algunos tuercen el gesto no sé si incómodos ante el dolor ajeno o cuestionando la historia que oyen.
Yo conocí a aquel "tiburón implacable" en los negocios, a aquel ser depravado y sin escrúpulos, pero tambien sé que lo que cuenta la viuda es rigurosamente cierto.

4 comentarios:
Las personas, como las monedas, acostumbramos a tener dos caras. Aunque nos cueste reconocerlo.
Un saludo.
En los entierros hay quien no llora si no su propio final, y no el del muerto.
Tal vez como dice Victor, gracias a esa doble cara, hubiera ciertas dudas y muecas en su entierro.
1 saludo!!!
Victor y Anónima, tenéis ambos muchísima razón. Una acertada reflexión por vuestra parte.
No imaginais lo que agradezco vuestras aportaciones.
Un saludo.
Pareciera que nada ni nadie es tan malo ni tan bueno. Vivimos inmersos en una inmensa amalgama de tonalidades en el gris.
Muy bueno, Marido.
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