sábado 4 de julio de 2009

La mujer apéndice



A mi madre la ingresaron en un manicomio. Yo era muy pequeña. Allí olvidaban las familias a sus miembros menos presentables, a aquellos de los que se avergonzaban. Recuerdo las escasas visitas que le hacíamos y cómo por el pasillo pululaban todo tipo de enfermos. Mujeres con amplios camisones blancos y cortes de pelo a lo tazón. No existía por entonces la corriente actual de integrarlos y allí convivían sin orden ni concierto esquizofrénicos, con paranoicos, psicópatas y síndromes de Down.

Mi madre compartía cuarto con otra mujer que había estado encerrada desde pequeña en una cueva por su familia. La compañera de cuarto seguía continuamente a mi madre como un perrillo con su desvencijada muñeca en las manos. Se agarraba con la mano libre al desgastado camisón de mi madre con una fuerza que amenazaba con rasgarlo. Las enfermeras ante la imposibilidad de separarla nos preguntaban si nos incomodaba ese apéndice que nos observaba desafiante. Jamás nos quejamos de su presencia, incluso cada uno de mis hermanos le pusimos un nombre que mantuvimos en secreto hasta el día del velatorio de mamá. Ese mismo día alguien preguntó si seguiría viva. Nadie supo contestar. A pesar de las veces que la habíamos tenido delante no conseguimos llegar a describirla ¿era alta o baja? ¿Su nariz era chata o aguileña? Pasamos horas en el tanatorio buscando alguna cualidad destacable en esa persona que llegó a pasar media vida con nuestra madre. El pasatiempo acabó bruscamente cuando en uno de los sillones de la sala encontramos una vieja muñeca que todos reconocimos sin discusión.

6 comentarios:

Víctor dijo...

O sea, que al final no se la extirparon, ¿no? Pues es una lástima porque la operación de apendicitis es de las más sencillas y exitosas. ¿Cabían las dos en la caja?

Saludos lelos!!!

Xarat et col. dijo...

Salvando la distancias lógicas, hay tantas personas 'apéndice' reales...

Missbook dijo...

uy, que cosas..
pasan mas seguido d elo que creemos, soy nueva por tu prado y creo q seguire pasando, cariños

Zuresh dijo...

oH! me quede en silencio, un poco aturdido. lo encontré buenisimo, todavia tengo la imagen de la muñeca mirando fijamente desde ese sillón, casi humana. notable relato.
felicidades.
saludos!

Mandy D. Sandoval dijo...

Hola Marido, aquí sigo leyéndote.
Un abrazo, amigo.

el marido de la portera dijo...

Muchas gracias a todos los que habéis dejado estos días un comentario. Perdonad que no os haya contestado hasta ahora.

Os doy tambien la bienvenida a este rinconcito a los nuevos. No hace falta decir que estáis en vuestra casa.

Un saludo para todos