
- Creo que nunca vamos a llegar - dice ella moviendo su cinturón de seguridad. - ¿Puedo quitármelo?
- No. Llévalo. Falta poco, menos de una hora - contesta él sin demasiada convicción.
- Me agobian las autovías, son tan monótonas, una sucesión de asfalto flanqueado por flores rosas o amarillas. Ya ni siquiera se pasa por los pueblos. La modernidad nos ha mutilado el gusto por el turismo. Pasas por cientos de lugares que ni siquiera llegas a ver... - suspira ella.
- ¿No eras tú la que se quejaba cada vez que recalaba en algún pueblo de lo mal que olía, de lo fea que era la gente o de cualquiera de los monumentos que visitaba?
- Ya, pero ahora lo echo de menos. No creía que llegase a decir esto jamás, pero ahora añoro esas carreteras nacionales llenas de baches que atravesaban hasta la aldea más cutre del país. No sé si influirá, pero ahora parece que los coches no tocan el firme. Antes acababas con el culo hecho picón. Estabas deseando ver aparecer en el horizonte cualquier hostal de mala muerte para detenerte y poder estirar las piernas. Llegabas incluso a entrar en el más pestilente de los servicios y tomarte un café con sabor a agua sucia. Era un asco, pero todo mejor que esta mierda adornada de adelfas. Me aburro tanto... - se queja ella.
- Pondría música pero no tengo ningún CD y la radio no funciona. - le informa él.
- ¿No tienes MP3 ?
- No, lo siento, pero si quieres, podemos jugar a algo -le propone.
- A mí me gustaba jugar a las matrículas, pero por aquí no veo ningún vehículo. - dice ella mirando hacia atrás.
- Sí, a eso tampoco podemos jugar. Así que si no se te ocurre otra cosa.... - dice él.
- Me muero de aburrimiento, Caronte. - confiesa ella mirando su rostro griego.
- No querida, simplemente estás muerta.
- No. Llévalo. Falta poco, menos de una hora - contesta él sin demasiada convicción.
- Me agobian las autovías, son tan monótonas, una sucesión de asfalto flanqueado por flores rosas o amarillas. Ya ni siquiera se pasa por los pueblos. La modernidad nos ha mutilado el gusto por el turismo. Pasas por cientos de lugares que ni siquiera llegas a ver... - suspira ella.
- ¿No eras tú la que se quejaba cada vez que recalaba en algún pueblo de lo mal que olía, de lo fea que era la gente o de cualquiera de los monumentos que visitaba?
- Ya, pero ahora lo echo de menos. No creía que llegase a decir esto jamás, pero ahora añoro esas carreteras nacionales llenas de baches que atravesaban hasta la aldea más cutre del país. No sé si influirá, pero ahora parece que los coches no tocan el firme. Antes acababas con el culo hecho picón. Estabas deseando ver aparecer en el horizonte cualquier hostal de mala muerte para detenerte y poder estirar las piernas. Llegabas incluso a entrar en el más pestilente de los servicios y tomarte un café con sabor a agua sucia. Era un asco, pero todo mejor que esta mierda adornada de adelfas. Me aburro tanto... - se queja ella.
- Pondría música pero no tengo ningún CD y la radio no funciona. - le informa él.
- ¿No tienes MP3 ?
- No, lo siento, pero si quieres, podemos jugar a algo -le propone.
- A mí me gustaba jugar a las matrículas, pero por aquí no veo ningún vehículo. - dice ella mirando hacia atrás.
- Sí, a eso tampoco podemos jugar. Así que si no se te ocurre otra cosa.... - dice él.
- Me muero de aburrimiento, Caronte. - confiesa ella mirando su rostro griego.
- No querida, simplemente estás muerta.





